Apuntes de Teología: El Profetismo en Israel

El Profetismo en Israel

En la fe de Israel la historia no se arrastra en el ciclo infernal de un eterno empezar de nuevo, tal como lo vivían los paganos. El Pueblo de Dios sabe que el hombre ha salido de Dios y vuelve a Dios. Su historia no es ciertamente un camino rectilíneo, sino que está sembrado de dificultades, fracasos y pruebas, y también de tiempos de prosperidad, de alegrías y luces; pero para el hombre de fe una cosa es cierta: el camino está siempre abierto al amor y a la misericordia de Dios, reordenado por el poder de su salvación y que al final desemboca en una comunión eterna con él. Partiendo de esto leemos los profetas, por medio de quienes nos habló el Espíritu Santo, en diversas ocasiones y bajo diferentes formas, a nuestros padres (cf. Hb 1,1).

El profeta: este apelativo se ha aplicado en la Biblia a los grandes amigos de Dios que han desarrollado un papel decisivo en la historia del Pueblo de Israel, ya sea como líderes carismáticos o como autores inspirados que escribieron esa historia a la luz de la inspiración divina.
El profeta, hombre elegido, llamado y enviado a una misión, donde esta es, denuncia del pecado, llamar a la conversión, avivar la fe, abrir un horizonte de esperanza e interpretar los signos de los tiempos a la luz de la revelación divina.
Etimológicamente el término “profeta” tiene diferentes connotaciones, tanto en hebreo como en griego; en hebreo es “NABI” que significa “uno que es llamado”, “vidente”, “hombre de Dios”; y del griego “PROFETES” compuesto del verbo “FEMI” que significa “decir” o “anunciar”, y de la preposición “PRO” que tiene sentido local “delante de” o “en presencia de”; entonces, “PROFETA” es aquella persona que anuncia delante de otros un mensaje de la divinidad o el que habla en lugar de Dios.
Reconocemos, por lo general, a los profetas, por el uso de la frase “así dice el Señor” en sus mensajes. Con esta expresión o algunas semejantes, se presentan a sí mismos como mensajeros de Dios, investidos de autoridad para proclamar su palabra. Podemos hacer una breve mirada a algunos profetas donde se ve este hecho de la autoridad para anunciar la palabra de y/o el mensaje de parte de Dios:
·         Isaías 6,8: “Entonces escuché la voz del Señor, que decía: - ¿A quién mandaré?, ¿Quién ira de nuestra parte? - Conteste: aquí estoy, mándame”.
·         Amos 7,15: “Pero el Señor me arrancó de mi ganado y me mandó ir a profetizar a su pueblo Israel”.
·         Jeremías 1,10: “Hoy te establezco sobre pueblo y reyes, para arrancar y arrasar, destruir y demoler, edificar y plantar”.
·         Ezequiel 3,2: “Abrí la boca y me dio a comer el rollo”.
Entonces pues, todo quien rechace, cierre sus oídos, al mensaje profético desprecia la Palabra de Dios santo de Israel” (cf. Is 5,4).
El mensaje dado por los profetas posee una variación en cuanto a los géneros literarios, pues entre ellos encontramos relatos de visiones, himnos parecidos a los salmos, reflexiones de tipo sapiencial, relatos de acusaciones simbólicas. Pero los dos géneros más frecuentes son los mensajes de salvación y los de juicio y condenación.
En cuanto al Profetismo en Israel podemos distinguir dos grupos o dos tipos de profecía, estos son llamados “Profetas anteriores” y los “profetas posteriores”. Los profetas anteriores se distinguen porque su mensaje siempre es de forma oral, y son tenidos como videntes y consejeros, entre ellos Abraham, Moisés, Samuel, Natán, Elías y Eliseo. Los profetas posteriores, su mensaje es de forma escrita, son los que hoy poseemos como el conjunto de libros proféticos; estos son Isaías, Jeremías, Ezequiel, y los doce llamados menores, quienes contienen los oráculos que recibieron la llamada divina luego de la división del Reino. Es con estos que se comienza la profecía clásica en Israel.

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