Apuntes de Teología: Planteamiento de Trento en su respuesta a Lutero

Planteamiento de Trento en su respuesta a Lutero.


Hoy día se ha de recordar que la Reforma, a pesar de todos sus errores, fue un movimiento surgido en busca de nuevos y purificadas maneras de vivir el cristianismo.
Trento fue una reacción al peligro que se corría sobre la Iglesia, pero quienes dirigieron aquella magna asamblea no siempre supieron mirar hacia el futuro con el apetecible interés que debieron haberlo hecho, y con demasiada frecuencia quedaron andados en un pasado medieval que desaparecía. Si los teólogos de Trento hubiesen sido menos escolásticos, sobre todo al tratar acerca del sacramento del Orden, y hubiesen prestado más atención sobre las razones y comportamientos aducidos a los Santos Padres, que en aquel momento comenzaban a ser dados a conocer por los humanistas, quizá el planteamiento teológico sobre el Orden hubiese sido distinto, y se hubiese podido entablar un dialogo entre los teólogos de la Reforma y los de Roma.
Cuando Lutero trata sobre el sacramento del Orden, su primera diatriba se dirige al nombre de sacerdote aplicado a los ministros. Y al abordar esta cuestión se manifiesta sumamente crítico a partir de la Sagrada Escritura, ya que, según él dice, en los escritos bíblicos esta denominación no es propia de los mismos.
Con intensión negativa, sostiene que el Nuevo Testamento nunca califica como sacerdotes a los Apóstoles ni a cuantos con ellos colaborarán en la evangelización. Por ello concluye afirmando que es impropio llamar con el nombre de sacerdote a quien está puesto al frente de la comunidad para administrar los sacramentos y para predicar la Palabra de Dios. Si de hecho y de manera consuetudinaria se le denomina sacerdote es por la influencia de los paganos o de la tradición judía sobre el cristianismo.
Con intención positiva, y para sustentar que el sacerdocio se ha de atribuir de manera propia a todos los bautizados, recurre a las palabras con que san Pedro, asumiendo un texto del Éxodo, anuncia a los cristianos que son linaje elegido, sacerdocio real, nación consagrada, pueblo adquirido para proclamar las alabanzas de Aquel que les ha llamado de las tinieblas a la luz admirable.
Para plantear desde sus cimientos la consideración luterana del sacerdocio, es conveniente recurrir a un texto que, tras casi 500 años de redacción, debe ser considerado clásico por la atención que le han otorgado cuantos se han ocupado de la teología ministerial de Lutero. Tomado de su obra dedicada a proponer la abolición de la misa privada “para nosotros, en verdad, el Sacerdocio de Cristo es uno y único en el que se ofreció Jesucristo y nosotros con él… este sacerdocio es espiritual y común a todos los cristianos. Todos somos sacerdotes con el mismo sacerdocio de Cristo, esto es quienes somos cristianos, hijos de Cristo Sumo Sacerdote. Y no necesitamos la obra de otro sacerdote y mediador más allá de Cristo.”
Lutero ha propuesto con toda claridad que el cristiano es sacerdote, lo cual no quiere decir que haya afirmado que todo cristiano es ministro. Entre el sacerdocio y el ministro, Lutero establece una nítida distinción. Lutero llegó a admitir la diferencia entre el ministro y el no ministro; sin embargo, negó siempre que el ministerio sea un sacramento.
Respuesta de Trento:
Una doble motivación debió impulsar a los Padres conciliares de Trento a tomar en consideración el sacerdocio común de los fieles.
La tradición católica había sido constante en proponer la condición sacerdotal del pueblo de Dios. Partiendo del dato neotestamentario, que a su vez asume el del Antiguo Testamento, la teología patrística había presentado la naturaleza sacerdotal del pueblo de Dios como efecto del bautismo y de la infusión del Espíritu Santo.
El Concilio de Trento preocupado por defender el sacerdocio ministerial contra la tesis de los reformadores, dejó muy recortada la doctrina del sacerdocio universal de los fieles, y aunque volvió expresamente sobre el tema a lo largo de su reflexión teológica sobre el sacramento del Orden, a la hora de proponer su doctrina en los decretos y en los cánones no hizo referencias directas a la misma, aunque formuló la diferencia entre sacerdocio extremo, el ministerial; y el interno, el bautismal.
La teología de Trento, buscando la última razón en la que fundamentar la naturaleza del sacerdocio ministerial, propone como nota constitutiva del mismo la potestad de consagrar, de ofrecer y de administrar el Cuerpo y la Sangre del Señor.
Lutero había negado el rito de la ordenación por no encontrarlo en la letra del Nuevo Testamento, y desde tal supuesto había rechazado el valor de la ordenación. Trento, al contestarle a Lutero, no repara en el argumento, sino en la conclusión, y con formulación afirmativa sostiene que por el rito de la ordenación se confiere el Espíritu Santo, que imprime carácter en el ordenado, aunque implícitamente reconoce su efecto indeleble, pues niega que quien ha sido ordenado puede volver al estado laical.


Apuntes en clases de teología.

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